Ya lo dice el refrán: salud y buenos alimentos.
Tan importante como sentirte bien con tu peso es mantener un estilo de vida sano, una alimentación adecuada y practicar ejercicio de manera habitual. No olvidemos nunca que una buena salud depende de los alimentos que tomamos y que determinan, desde la infancia, el desarrollo de nuestras vidas. Sin embargo, pocas personas son conscientes de ello: las comidas fuera de casa, las prisas y la proliferación de congelados y precocinados han ido alejando nuestro menú diario de la dieta ideal. Rara vez, nuestra alimentación incluye todos los grupos de alimentos necesarios, de forma variada y equilibrada. Al contrario: pecamos de exceso de calorías, proteínas y grasas y, además, tomamos demasiados alimentos de origen animal. Al mismo tiempo, los carbohidratos y fibras son los grandes ausentes de nuestros menús. Todo ello puede derivar en esos kilos de más, que tanto nos preocupan a nivel estético y que, si no ponemos remedio, pueden acabar provocando otros problemas de salud. De hecho, el exceso de peso es un factor de riesgo en la diabetes, la hipertensión arterial, la arterioesclerosis y las enfermedades cardiovasculares. Por ello, más que hacer dieta, lo importante es no empezar a acumular kilos. Unos buenos hábitos alimentarios son la mejor manera de prevenir y tratar la obesidad. Un consejo: analizar nuestra dieta y realizar un cálculo aproximado de lo que contiene (tomando como base, por ejemplo, las conocidas tablas de Cantidades Diarias Recomendadas o CDR) puede ayudar a detectar los déficit y excesos de determinados elementos.
La báscula, una obsesión.
Un exceso de peso puede deberse a muchas razones, aparte de a la alimentación. Por ello, si nuestro sobrepeso es importante, antes de comenzar a hacer dieta hay que descartar otros problemas, como un desequilibrio de las glándulas tiroides y/o suprarrenales, problemas emocionales, tendencia a la retención de líquidos, inactividad física, metabolismo lento o exceso de acidez en la sangre. Si todo está bien y solamente se trata de perder unos kilos, una dieta hipocalórica (con pocas calorías) puede servir para adelgazar. Pero cuidado, siempre debe acompañarse de ejercicio, para evitar perder masa muscular en lugar de grasas. Por otro lado, es importante que la báscula no se convierta para ti en una obsesión. Una persona que pierde grasa y recupera músculo puede llegar a subir de peso, pero estar más delgada. Y una persona con una complexión ósea grande está luchando inútilmente contra sí misma si pretende llegar a tener el cuerpo de otra con una complexión ósea pequeña. Lo mejor es acudir a un especialista, que adapte la dieta y vigile que nuestro organismo tenga en todo momento lo indispensable para funcionar bien. No olvidemos nunca que, para adelgazar, no es necesario renunciar a los minerales y vitaminas que necesitamos. Una buena práctica es reforzar con complementos alimenticios aquello que nos falta. Y no solamente si queremos perder peso, sino también como complemento diario en la dieta de cualquier persona.